¿Llegaremos al 10 de diciembre 2019?

 No hace dos días que ganaron las elecciones, y faltan todavía 17 días para que asuman, pero los macristas ya están nerviosos. El peso de un país en las espaldas, definitivamente, no es para ellos.
Se nota en las redes sociales: volvieron a vomitar odio, a agredir, a ponerse como locos, más allá de las consignas de “diálogo”, “consenso” y “unión de todos los argentinos” con las que engrupieron al 51% del electorado. En dos días ya muestran su verdadera cara. Y aún faltan 1.477 días, más el bisiesto, para llegar al 10 de diciembre de 2019.
Y acá está la cuestión. Ya empiezan a abrir el paraguas y acusan al kirchnerismo de golpista, de no querer que Macri complete su mandato. Pero no es así. El kirchnerismo es el mejor defensor de la normalidad democrática, la que viene defendiendo con uñas y dientes hace doce años y medio ante los intentos golpistas de los que ahora acusan al otro de golpista. Es que el ladrón siempre cree que todos los demás son de su misma condición.
El kirchnerismo quiere que Macri llegue a diciembre de 2019. Y si no llega, no será por culpa de los kirchneristas. Lo único que el kirchnerismo hará es oposición, papel que le corresponde legítimamente en democracia. Los macristas llaman a “tirar todos para el mismo lado”, es decir, a que no haya oposición. ¿Cómo es una democracia republicana sin oposición? Dicho de otro modo, cuando ellos eran oposición, ¿tiraron todos para el mismo lado con Néstor y Cristina? Las respuestas están a la vista.
Por otra parte, el macrismo dice que si denuncian a Macri es que no lo dejan gobernar. ¿Pero cómo hizo Cristina para gobernar ocho años con toda la derecha atacándola a diario, en todos los medios, por todos los flancos? Gobernó e hizo mucho, con plena libertad de expresión para todos. Si seguimos ejerciendo esa misma libertad de expresión a partir de ahora, ¿eso sería no dejar gobernar? ¿Proponen los macristas que no hablemos para “dejar gobernar” a Macri?
Todas excusas. Lo que realmente sucede es que los macristas están viendo un panorama más bien complicado para llegar al 2019. Esto es lo que sucede:
Si Macri intenta hacer lo que tiene que hacer (gobernar para las corporaciones y contra las mayorías), no podrá hacerlo con el aval del Congreso, pues allí no tiene mayoría. Si trata de gobernar por decreto se pondrá en el lugar del dictador y la consecuencia serán los piquetes y los paros. Si nos los reprime, las protestas irán en aumento; si los reprime, habrá episodios lamentables y se precipitarán las cosas. Estado de sitio, renuncia y helicóptero, una película que ya hemos visto en el 2001.
Por otra parte, si no hace lo que las corporaciones necesitan que haga, desde los medios de las corporaciones lo van a destruir y la consecuencia, además de los piquetes y los paros, serán los cacerolazos. Y de nuevo estará entre la opción entre reprimir y no reprimir, con los mismos resultados siempre: estado de sitio, renuncia y helicóptero.
Macri no tiene apoyo popular. Ganó las elecciones con votos que no son suyos y, lo más importante, con promesas que no puede cumplir. Del 51% que obtuvo, hay de todo menos macristas, que son muy pocos. Lo que hay es esto:
  • Los anarcobobos de siempre, que están en contra de cualquier gobierno, sea del signo que fuere, y que solo lo votaron para sacar al gobierno anterior. Son oposición desde el primer día, despotricando en todos lados contra prácticamente todo.
  • Los contreras, a los que nada les viene bien. Votaron a Macri porque Cristina no les venía bien, y van a voltear a Macri para que el próximo tampoco les venga bien.
  • Los trotskistas, que votaron a Macri precisamente para ver prendida fuego la Argentina y poder vender así su discurso ultrazurdo de “cuánto peor, mejor”. Al trotskismo no le conviene un gobierno popular que garantice la dignidad de los trabajadores y necesita neoliberalismo y caos social para subsistir en la política. Serán oposición desde el primer minuto, porque es justo lo que ellos querían.
  • Los que no tienen ni idea (que es la gran mayoría entre el 51% de Macri) y se hacen llamar “apolíticos”. En cuanto se queden sin trabajo o les recorten el salario con ajuste y devaluación, saldrán desesperados a protestar. Estos suelen ser los más exaltados en los cacerolazos y en el trueque, en la olla popular. Son primeros a la hora de entonar “qué se vayan todos”.
  • Los liberales puros, que quieren todo el liberalismo ya, entero y de una sola vez. En cuanto perciban una “agachada” de Macri (cosa que no va a tardar, porque en política no se puede hacer todo lo que uno quiere, hay que dar) le empiezan a hacer la guerra total.
  • La Unión Cívica Radical, que está partida al medio y, con la humillante ida de Sanz, tiende a caer en manos de la juventud, que es radicalmente (valga la redundancia) opuesta a todo lo que Macri representa.
  • Los propios macristas, que no suelen ser tipos muy combativos y serán los primeros en abandonar el barco y darse vuelta como panqueques en cuanto vean que se hunden. Así suelen proceder las ratas en los naufragios, no por casualidad.

De modo que el kirchnerismo (que es la mitad del país que sabe lo que quiere y no va a cambiar de opinión según la coyuntura) no tiene que hacer nada distinto a lo que ya viene haciendo desde siempre: militar y divulgar, y prepararse para hacerse cargo de lo que Macri deje a su paso.

Dice el sentido común que solo el peronismo/kirchnerismo puede gobernar en Argentina. Pero esto, como casi todo lo que el sentido común dice, no es cierto. Lo que realmente sucede es que el peronismo y kirchnerismo fueron los únicos capaces de organizarse alrededor de un proyecto político que tenga en cuenta a las mayorías. Y para gobernar es preciso organizarse y tener en cuenta a las mayorías, en Argentina y en cualquier otro país.