Se siente, se siente Reyna Presidente

Por Matias Cambiaggi

Hace ya varios años, en una charla sobre historia argentina en la que participaba como candidato a presidente, pero sobre todo como compañero, recuerdo con claridad a Jorge diciendo, un poco colorado y entre risas que mientras explotaba el Cordobazo, él estaba jugando al básquet en el patio de su casa, a pocas cuadras de donde los gremios combativos liderados por Tosco empezaban a ponerle punto final a la Dictadura de Onganía.

Esa tarde, de algún día de algún mes de 1999, cuando la candidatura de Jorge Reyna a Presidente por el Frente de la Resistencia recién comenzaba a andar todo era un gran interrogante para la inmensa mayoría de los presentes. Es decir el montón de pibes que le íbamos a hacer la campaña con apenas una o dos experiencias en el cuarto oscuro y no por falta de “democracia” o eso a lo que muchos referencian como el acto de ir a votar cada cuatro años.

Esa tarde nos enteramos que Jorge había decidido empezar a militar cuando se enteró que  los Montoneros habían “ajusticiado” a Aramburu y que ese mismo día se dijo “era esto lo que había que hacer”.  Contó que había empezado con las FAR y desde ahí con los Montos, también que había jugado en las inferiores de Estudiantes y que en el exilio había dirigido un equipo de fútbol de Mozambique. También me acuerdo que alguien comentó después de la charla, cuando empezaban a circular algunos Fernet, que Jorge se había llevado a varios enemigos puestos. Nunca supe que tan así fue ni me preocupé en averiguarlo después. Pero en ese momento escucharlo fue una impresión fuerte. Tal vez por la sensación de estar al lado de alguien al que la política había llevado más lejos de lo que nuestro propio tiempo marcaba.

La historia de Jorge Reyna es muy larga, tanto que hasta él mismo dijo alguna vez que como muchos de su generación había vivido como ocho vidas. Pero yo no me puedo borrar ese 99 en el que lo único que hice y con toda la felicidad del mundo fue pintar paredes y pegar afiches para que se vea su campaña. El Reyna 99 todavía se puede leer en varias paredes de la ciudad.

Reyna fue de los que supo tomar la decisión que los sacaba del grupo de los charlatanes  porque se grabó a fuego ese puñado de aciertos que en la vida real se volvían también uno solo: Se puede ganar. Se puede ganar para cambiarlo todo. Se puede ganar para cambiarlo todo, pero hay que estar dispuesto a dejar la vida si es necesario.

La derrota que siguió no estaba escrita, ni siquiera pensada, pero tuvo que aprender de y con ella encima y después por si fuera poco siguió la de los 90, pero él siguió buscando mientras muchos se reconvertían y otros se resignaban.

Siempre que por alguna razón se me pasa por la cabeza la generación de los 70 llego a la misma conclusión. Sí fue una generación heroica, pero fue aún mucho más heróico seguir intentando después de la derrota y los golpes y esa no fue una experiencia generacional, sino marginal. Por eso es necesario rescatarla y sostenerla.

Desde hace tiempo, cada vez que recuerdo a  Jorge Reyna me aparece la imagen de él colgado a las rejas de la Embajada, armado apenas  con un megáfono, gritándole en la cara al imperio y rodeado de un grupo de chicos que le gritaban Se siente, se siente, Reyna Presidente, en un gesto que por desproporcionado no dejaba de ser un plan de lucha, ante la falta de cualquier otro plan.  También una enseñanza imprescriptible en tiempos del posibilismo tibio que creció tanto de un lado y de la entrega renovada del otro.  En tiempos de dispersión. En tiempos de chicana fácil.

Reyna estuvo muy lejos de ser presidente. En aquel 99 y aún más después. Es más no me lo puedo imaginar como presidente de aquella, ni de esta época. Pero estoy seguro que sin tipos como Reyna no se puede cambiar nada.

Patriotismo Solidaridad y Huevos fue la campaña de aquel Frente de la Resistencia del 99. Agreguémosle Ovarios o zanjemos la cuestión poniendo  Coraje, como discutimos en algún momento de esa campaña. Agreguemos las caras de Evita y el Che que llevaba el afiche como firma ¿Quién se puede atrever a decir que esa campaña se quedó en el pasado?

Jorge como todos los compañeros va a vivir siempre en el recuerdo. Todavía lo puedo ver colgado de las rejas de la embajada con un megáfono en la mano y agitando al piberío con la otra como si desde muy lejos vinieran muchos más para emparejar la lucha. Y no equivocaba, porque aquel ejército que veía a lo lejos, supo aparecer cuando llegó su momento.

Tenía razón: “El pueblo siempre vuelve”

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