Francisco criticó las “nuevas formas de colonialismo” que obliga a las familias a vivir en barrios marginales

7/11/2015 19:00 viaje


El papa Francisco se refirió a la “terrible injusticia” que obliga a millones de personas a vivir en barrios marginales, durante su visita esta mañana al barrio de Kangemi, de Kenia, donde viven unas 100.000 personas y que fue su última visita a ese país antes de arribar este mediodía a Uganda.

Francisco llegó a Uganda, segundo destino en su viaje a África

En su tercer día de visita al continente africano y hablando en una iglesia de madera, Francisco aseguró que “los responsables de la situación que viven los habitantes de los barrios marginales son las minorías a las que sólo les preocupa el poder y el dinero, pero no el bien común”, según consigna la agencia DPA.

Francisco criticó la “injusta distribución de la tierra, los alquileres injustos por casas en mal estado” y la falta de infraestructura básica, como el abastecimiento de agua. Ese tipo de situaciones son “una consecuencia de nuevas formas de colonialismo” y de una “cultura del despilfarro”, advirtió.

Además, alabó los valores de la “resistencia” y la “solidaridad” en los barrios pobres, que la “sociedad opulenta, anestesiada por un consumo desenfrenado parece haber olvidado”.

En un emotivo discurso, una de las vecinas del barrio pidió al papa que intercediese por los habitantes de Kangemi ante el Gobierno. “Las personas que viven en asentamientos informales en Kenia no tienen acceso al agua, a menudo está racionada, es de mala calidad o no se puede beber”, lamentó Pamella Akwede.

“Negar el agua a una familia con algún tipo de pretexto burocrático es una gran injusticia, sobre todo cuando se saca provecho de esa necesidad”, dijo por su parte Francisco, advirtiendo que las personas son más importantes que “el dios del dinero”.

Los pobres “tienen un lugar especial en mi vida y en mis decisiones”, aseguró el líder de la Iglesia católica. “Estoy aquí porque quería que supiesen que sus alegrías y esperanzas, sus miedos y aflicciones no me son indiferentes”.

Una de las monjas que trabaja en Kangemi informó al papa sobre los problemas del lugar y también criticó a la Iglesia. “Debemos estar más presentes en estos barrios”, reclamó, recordando que sólo un cuatro por ciento del personal religioso trabaja en los “slums” de Nairobi, donde vive la mayor parte de la población de la ciudad.

Francisco habló después a los jóvenes en el estadio de Kasarani, donde su discurso, ofrecido en español, se centró en la corrupción y la radicalización.

La falta de educación y el desempleo hace que muchos jóvenes sean seducidos y reclutados por los radicales, advirtió. “Si un joven no tiene trabajo, ¿qué futuro le espera? Ahí entra la idea de dejarse reclutar”, alertó.

La radicalización “es un peligro social que está más allá de nosotros incluso más allá del país, porque depende de un sistema internacional que es injusto, que tiene al centro de la economía no a la persona sino al dios dinero”, dijo el pontífice.

Este mediodía, el papa arribó a Uganda en donde habló con el presidente ugandés Yoweri Kaguta Museveni y recibió al presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir Mayardi.

En su primer discurso en ese país aseguró que busca que se vea a Africa “en su conjunto, con las promesas que representa, sus esperanzas, luchas y conquistas” al tiempo que elogió a Uganda por “su compromiso con los refugiados” a quienes les permitió “reconstruir una vida dándole la dignidad que deriva de un trabajo honesto”, según la agencia ANSA.

El Papa mencionó su reclamo a los gobernantes de tutelar el ambiente y apreció los intentos de “transparencia y buen gobierno” y de “participación en la vida pública de la Nación”.

Esta declaración formulada a toda el Africa se vincula con lo que el Papa dijo, interpelado por jóvenes kenianos en el estadio Kasarani de Nairobi, a propósito del tribalismo, las tentaciones de radicalismo religioso y la corrupción, aunque subrayó que este último fenómeno no sólo es un problema africano, sino que está “en todas partes” y “también en el Vaticano”.

Después del encuentro institucional y diplomático en Entebbe, el Papa Francisco, en el santuario de Munyonyo, se reunió con catequistas y docentes.

El santuario -donde el Papa llegó en medio de un caluroso recibimiento popular- es el lugar donde fueron asesinados los primeros cuatro mártires de Uganda, en 1886, entre ellos Andrea
Kaggwa, uno de los más venerados y canonizado por Paulo VI en Roma en 1964.

Francisco recordó a los catequistas que Andrea y sus compañeros “fueron obligados a derramar su sangre para seguir fieles a lo que sabían que era bueno, bello y verdadero”.

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