Confesiones de invierno.

Cuando asumió le dijimos que, con todo lo que teníamos y con lo que podamos  inventar,resistiriamos la quita de derechos que implican cada una de sus medidas, impulsadas por las grandes corporaciones y poderes internacionales. Nos acusaron de no querer a la democracia, a nosotros, que respetamos siempre y que cuando no hubo democracia, fuimos las víctimas; a nosotros, que queremos y trabajamos por un país para todos, con dedicación y humildad. Que ofrecemos nuestro humano corazón, con todos nuestros límites, con todas nuestras contradicciones.

Nos publicaron hasta el hartazgo mentiras o verdades a medias, que hasta nos mejoraron, porque resaltaron cada miseria y como las pusieron como una totalidad,  nos esforzamos por superarlas, todos los días. Porque no somos perfectos, ni mucho menos.

Nos duele en el alma y en el cuerpo cada despido, cada insulto al pueblo, cada desprecio a la humanidad. Cada necesidad (que es un derecho) que hoy no se cubre, nos moviliza, porque a los que las ejecutaban, las echaron, denigrándolos.

Y como el movimiento se demuestra andando, echaron a cien mil más que trabajaban en el sector privado. Cierran negocios, porque no venden; frente a los compra-venta vemos los trompitos de los albañiles que los venden para comer. Cae el consumo de leche. Sacamos cartón a la puerta y dura diez minutos. Eso es miseria para el noventa por ciento de los argentinos. Aunque todavía no nos pegue de lleno a todos.

Vemos que cuando llega la boleta de gas o luz y  no se puede pagar, muchas veces no se comprende que esto responde a una estrategia global de saqueo, que eso es un síntoma, lo mismo que la pérdida de trabajo o de otros derechos.

A muchos no nos entra en la cabeza que exista tanta crueldad. Muchos todavía sufren y putean a todos, como si todos fueran lo mismo. Y no. Pero si. Para él, es todo lo mismo. Porque los políticos profesionales que dejan sus convicciones colgadas en el perchero siguen abundando, propios y ajenos, deformando el sentido de la lucha, canalizando el reclamo para su interés personal. Y algunos no pueden distinguir la voluntad de organizar al pueblo de la política profesional. Le asesinan la esperanza.

Este proceso de desorganización que está impulsando el gobierno oligárquico colonial, le pega a la organización política social, que es la única herramienta que tienen los pueblos en la lucha por el poder, sembrando la desconfianza en el que está al lado, diciéndole: flaco, estás jugado, fijate como sobrevivís, vos sólo. Y el flaco solo, se quiebra. Y la mina, que por naturaleza o por cultura es más resistente, se queda solita sosteniendo el nido, porque el flaco se chupa todo, porque está roto en su humanidad; se marginaliza más rápido porque, no poder, al flaco lo humilla, porque le enseñaron a ser orgulloso, a que él podía. Y no puede. Y desorganiza todo para después darle una nueva organización, un Proceso de Reorganización, donde los pobres no puedan nada y los no tan pobres vendan literalmente el alma al diablo, con el cuento de que van a poder sobrevivir solos. Se meten en lo más íntimo.

Crece el desamparo del humano: descreimiento, competencia, sálvese quien pueda. Muy pocos al final. Lo sabemos. Porque estas reorganizaciones matan, lento o rápido. Ahora o en el futuro. Rodolfo Walsh decía: miseria planificada. Por eso era un intelectual. Decía lo mismo en dos palabras, claras y potentes. MISERIA PLANIFICADA.

Y para ocultar, nos tienden trampas. Algunos las podemos sortear. Otros caen. Que discutamos si Cristina si o Cristina no, que discutamos si Baéz o no Baéz, que si robaron o no robaron.

Y mientras discutimos cosas secundarias, se llevan nuestros sueños a alguna cuenta off shore, nuestras vidas, nuestras primaveras. No hay que olvidar que Cristina dijo: no se preocupen por mi, preocúpense de que no le roben sus derechos. Por algo es.

Este gobierno no es el Superior Gobierno de la Nación, como se decía, sino el Inferior Gobierno de las Corporaciones Imperiales. Pide perdón a los que nos robaron y los invita a que vengan a seguir la faena.

Si el objetivo del gobierno fuera la grandeza de la Patria y la felicidad del Pueblo, sería miserable no desearle que le vaya bien, aunque el camino elegido quizá no fuera el que nosotros elegimos. Pero cuando vemos que todas y cada una de sus medidas van en contra de la Patria y del Pueblo, nos preguntamos como puede haber dirigentes que teniendo responsabilidades, digan, ambiguamente, que quieren que le vaya bien, que tenga éxito.

Nosotros no queremos que le vaya bien, porque el éxito de sus políticas significa que millones sean desaparecidos sociales y políticos.

Lo dicen, suponemos, porque son políticos profesionales, sindicalistas profesionales, que toman el poder que tienen prestado como suyo y temiendo perderlo, no quieren contradecir un sentido común, cuidadosamente construido, que dice que la legitimidad de origen, da legitimidad a cualquier acción, aún cuando quiebren el contrato social, el contrato electoral, en el sentido más liberal que se pueda expresar.

Aguad dijo: ninguna ley va a frenar al Presidente. Lo dijo y lo ejecutan. Y aun así, en nombre de la gobernabilidad, estos dirigentes olvidan que tienen una responsabilidad propedéutica, pedagógica: esclarecer los sentidos de la lucha de la Patria y el Pueblo. Suponemos que lo hacen porque privilegian sus intereses, quizá legítimos, pero secundarios, por sobre los ideales de una Patria libre, justa y soberana.

Porque llegar diciendo que vas a hacer una cosa y después hacer todo lo contrario, es mentirle al Pueblo. San Martín pedía que a su hija le enseñaran a odiar la mentira. Mentir es un  pecado y un escándalo. Creer no. Aunque había claros indicios, muchos, muchísimos, creyeron. Y les mintieron porque si decían lo que están haciendo, no llegaban al veinte por ciento de los votos.

Pero pasó el tiempo del enojo con aquel que creyó la mentira. Ya está. Seguir enojado por su necesidad de creer, cuando nos están saqueando, es un gran error, que da ventajas a los saqueadores.

Porque los saqueadores son aquellos que nos dicen: no está mas, se fue. No ella. Todo lo nuestro: nuestros trabajos, nuestros salarios, nuestra salud, nuestra educación. El asado que te comías no existe más; es más, no te lo comiste. Tenés frío porque estás desabrigado, no porque inventamos el invierno.

Porque este invierno no es natural. Es planificado. Nosotros a esos no le damos ninguna ventaja. Dolor, sí; enojo, ni un poquito. No nos lo podemos permitir.

Si existieran los recursos institucionales como la revocatoria de mandato, que muchas constituciones recogen, ya sería tiempo de usarlos. No existen. Bueno. Ya los construiremos. Pero no va a haber mordaza que nos impida decir que están saqueando a nuestro país con la escusa de la legalidad, muy mal cuadrada.

Pueden amenazarnos y cumplir con que nos van a meter presos como a Milagro Sala y otros compañeros de Jujuy. Y bueno. ¿Saben qué? La esclavitud era legal; la inferioridad de la mujer, era legal; la diferencia por nacimiento, era legal.

Y todas las legalidades inventadas para encorsetar a los pueblos no pudieron frenar el avance. Porque,  los pueblos cuando se organizan, es decir cuando comparten sueños y acciones, fabrican lo imposible. Aunque tengan todo el poder de su lado sus enemigos. Lo fabrican con su cuerpo, en la calle, en los almacenes, en las oficinas, en la fábrica, en la escuela. Se revelan y rebelan. Porque cuando se ve la mentira, no hay cuentito que impida que te levantes. Tarde o temprano.

Deseamos la paz, trabajamos para la paz. Porque la sangre que corre es siempre la nuestra, lo que se rompe es nuestro, los que tenemos que reconstruir, siempre somos nosotros. Quisiéramos y rezamos para que entiendan, pero tienen endurecido el corazón. Y en nuestra fe, sabemos que los Pueblos son de Dios y si se los agrede, se agrede al mismo Dios. Viviremos y venceremos.

Por eso a lo individual anteponemos lo colectivo; a lo colonial, lo nacional; a lo oligárquico lo popular; a la pesadilla, los sueños. Al odio, el amor. A la desconfianza, la confianza. Fabricaremos la esperanza.

Como dicen que dice Dolina:  “Salgamos de una vez. Salgamos a buscar camorra, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguen, a que nos derroten, a que nos traicionen. Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez”. Nuestra rebeldía es la vida. Viviremos y venceremos.

Las primaveras tampoco son naturales. Las construimos. Aunque nos duela el ciático, aunque tengamos la tos, queremos una nueva primavera, donde nuestra novia, la Patria, sea feliz y realizada, como todos sus hijos. Somos la vieja especie que se niega a la extinción. Por eso, seguimos en el  camino. La mentira son ellos.

Gracias a Infosiberia por la imagen.